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viernes, 4 de julio de 2025

SUPLEMENTOS EN SALUD CAPILAR: ¿CUÁLES VALEN LA PENA?

Alimentos ricos en hierro y vitamina C, esenciales para la salud capilar

La pérdida de cabello puede tener múltiples causas: genéticas, hormonales, inflamatorias, nutricionales o emocionales. En este contexto, los suplementos orales se han convertido en una opción popular, pero no todos tienen la misma base científica ni el mismo impacto clínico. ¿Cuáles son los que realmente pueden marcar la diferencia?

Uno de los más conocidos es la biotina (vitamina B7). Aunque es fundamental para el metabolismo de proteínas, grasas y carbohidratos —procesos esenciales para el crecimiento del cabello—, su efecto real solo se nota si existe un déficit, algo poco común en la población general. Sin embargo, puede ser útil tras partos, dietas estrictas o en situaciones de efluvio telógeno.

La vitamina D, por su parte, merece una mención especial. Funciona como una hormona y participa en la regulación del sistema inmune y en la salud del folículo piloso. Diversos estudios han encontrado niveles bajos de vitamina D en pacientes con efluvio o alopecia areata, lo que sugiere que su suplementación puede ser beneficiosa en estos casos, siempre que esté indicada por analítica.

Otro nutriente relevante es el hierro. La deficiencia de hierro —incluso sin anemia— puede estar asociada a la caída del cabello, sobre todo en mujeres jóvenes. Evaluar la ferritina sérica y otros parámetros permite decidir si una suplementación está justificada.

También conviene prestar atención al zinc, un oligoelemento involucrado en la reparación tisular, la función inmune y el crecimiento del cabello. Su déficit puede causar efluvio, aunque el exceso también puede ser perjudicial. Por eso, como en todos los casos, el equilibrio es la clave.

Otros ingredientes como la L-cistina, la L-metionina, el ácido fólico, las vitaminas del grupo B o extractos como el mijo o el sabal serrulata, pueden encontrarse en fórmulas comerciales con evidencia variable. Aunque muchos de estos compuestos no causan daño, no siempre están indicados ni son efectivos por sí solos.

En resumen, los suplementos pueden ser útiles, pero su éxito depende de una correcta indicación médica. En nuestra consulta realizamos un abordaje integral, combinando analítica, diagnóstico capilar y tratamiento personalizado según cada caso. No se trata de tomar “vitaminas para el pelo” de forma generalizada, sino de identificar las causas reales y actuar con criterio clínico.

Referencias:


VITAMINA D Y SALUD CAPILAR: ¿QUÉ RELACIÓN EXISTE?

Vitamina D y salud capilar: su papel en la caída del cabello
La vitamina D participa en la diferenciación
celular del folículo piloso y puede influir en la caída del cabello
.

En los últimos años, la vitamina D ha ganado protagonismo en el ámbito de la salud, no solo por su papel en el sistema inmunitario o en la salud ósea, sino también por su posible implicación en la caída del cabello. Aunque no suele ser la primera causa que se investiga, su déficit puede pasar desapercibido y contribuir, en ciertos casos, a alteraciones del ciclo capilar.

La vitamina D actúa como una hormona en nuestro cuerpo. Su papel va mucho más allá del calcio y los huesos: influye en la diferenciación celular, en la respuesta inmune y en el equilibrio de diversos tejidos, incluido el folículo piloso. De hecho, se ha demostrado que los receptores de vitamina D (VDR) están presentes en las células de la raíz del cabello, y su activación parece ser importante para mantener una fase anágena (de crecimiento) saludable.

En la práctica clínica, no es raro encontrar niveles bajos de vitamina D en pacientes con efluvio telógeno crónico, alopecia areata o incluso en algunas mujeres con alopecia androgénica. Aunque esto no implica causalidad directa, sí nos habla de un posible factor agravante en ciertos casos, especialmente cuando hay otras señales clínicas de déficit.

La fuente principal de vitamina D es la exposición solar. Sin embargo, ciertos alimentos pueden contribuir: pescados grasos como el salmón o la caballa, el hígado, las yemas de huevo, los champiñones expuestos a luz ultravioleta y algunos alimentos fortificados. Aun así, muchos pacientes —especialmente en invierno, con fotoprotección excesiva o dietas restrictivas— pueden presentar niveles por debajo del óptimo.

Los valores séricos considerados adecuados suelen estar por encima de los 30 ng/mL, y por debajo de 20 ng/mL se considera deficiencia. En estos casos, puede ser útil complementar con dosis ajustadas, que oscilan entre 800 y 2000 UI diarias, según edad, situación clínica y niveles basales. Es importante recalcar que la suplementación debe hacerse bajo control médico, ya que tanto el déficit como el exceso pueden tener consecuencias.

En nuestra consulta, siempre valoramos el contexto global del paciente antes de tomar decisiones. Y en caso de pérdida capilar, especialmente cuando se sospecha una causa nutricional, una analítica completa que incluya la vitamina D puede ser clave para orientar el tratamiento de forma rigurosa y personalizada.