El zinc es un mineral esencial cuya presencia en el organismo, aunque pequeña, resulta imprescindible para el correcto funcionamiento de numerosas funciones vitales. A menudo pasa desapercibido, pero su papel en la salud capilar es mucho más relevante de lo que se suele pensar. Está implicado en procesos clave como la división celular, la función inmunitaria, la síntesis de proteínas como la queratina y la protección antioxidante del folículo piloso, lo que lo convierte en un elemento importante en el mantenimiento del cabello.
lunes, 7 de julio de 2025
ZINC Y CAÍDA DEL CABELLO
El zinc es un mineral esencial cuya presencia en el organismo, aunque pequeña, resulta imprescindible para el correcto funcionamiento de numerosas funciones vitales. A menudo pasa desapercibido, pero su papel en la salud capilar es mucho más relevante de lo que se suele pensar. Está implicado en procesos clave como la división celular, la función inmunitaria, la síntesis de proteínas como la queratina y la protección antioxidante del folículo piloso, lo que lo convierte en un elemento importante en el mantenimiento del cabello.
viernes, 4 de julio de 2025
VITAMINA D Y SALUD CAPILAR: ¿QUÉ RELACIÓN EXISTE?
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La vitamina D participa en la diferenciación celular del folículo piloso y puede influir en la caída del cabello. |
En los últimos años, la vitamina D ha ganado protagonismo en el ámbito de la salud, no solo por su papel en el sistema inmunitario o en la salud ósea, sino también por su posible implicación en la caída del cabello. Aunque no suele ser la primera causa que se investiga, su déficit puede pasar desapercibido y contribuir, en ciertos casos, a alteraciones del ciclo capilar.
La vitamina D actúa como una hormona en nuestro cuerpo. Su papel va mucho más allá del calcio y los huesos: influye en la diferenciación celular, en la respuesta inmune y en el equilibrio de diversos tejidos, incluido el folículo piloso. De hecho, se ha demostrado que los receptores de vitamina D (VDR) están presentes en las células de la raíz del cabello, y su activación parece ser importante para mantener una fase anágena (de crecimiento) saludable.
En la práctica clínica, no es raro encontrar niveles bajos de vitamina D en pacientes con efluvio telógeno crónico, alopecia areata o incluso en algunas mujeres con alopecia androgénica. Aunque esto no implica causalidad directa, sí nos habla de un posible factor agravante en ciertos casos, especialmente cuando hay otras señales clínicas de déficit.
La fuente principal de vitamina D es la exposición solar. Sin embargo, ciertos alimentos pueden contribuir: pescados grasos como el salmón o la caballa, el hígado, las yemas de huevo, los champiñones expuestos a luz ultravioleta y algunos alimentos fortificados. Aun así, muchos pacientes —especialmente en invierno, con fotoprotección excesiva o dietas restrictivas— pueden presentar niveles por debajo del óptimo.
Los valores séricos considerados adecuados suelen estar por encima de los 30 ng/mL, y por debajo de 20 ng/mL se considera deficiencia. En estos casos, puede ser útil complementar con dosis ajustadas, que oscilan entre 800 y 2000 UI diarias, según edad, situación clínica y niveles basales. Es importante recalcar que la suplementación debe hacerse bajo control médico, ya que tanto el déficit como el exceso pueden tener consecuencias.
En nuestra consulta, siempre valoramos el contexto global del paciente antes de tomar decisiones. Y en caso de pérdida capilar, especialmente cuando se sospecha una causa nutricional, una analítica completa que incluya la vitamina D puede ser clave para orientar el tratamiento de forma rigurosa y personalizada.